De Urcos a Racchi

Conjunto arqueológico de Racchi

(3,400 m.s.n.m.)

El complejo arqueológico de Racchi es, sin lugar a dudas, uno de los más notables del Cusco. El sitio arqueológico incluye un gran conjunto de construcciones, entre las que destacan, además del templo y las colcas, los cuarteles o recintos, el baño del inca, el usno, la muralla de cuatro kilómetros que rodea la mayor parte de vestigios incas y la comunidad actual. Esta arquitectura refleja la importancia de Racchi, como base para la expansión militar incaica hacia el lago Titicaca.

Ubicación y características
El conjunto arqueológico de Racchi está ubicado aproximadamente a 100 kilómetros del Cusco, 20 kilómetros al noreste del mercado principal de Sicuani. Para que la visita sea más cómoda, se recomienda pasar la noche en esta ciudad. Sus veinte hectáreas de extensión albergan el imponente templo de Huiracocha y la mayor aglomeración de colcas o depósitos circulares de los que se tiene noticia. Ubicado en las inmediaciones del río Vilcanota, Racchi ocupa un llano flanqueado por pequeñas colinas de origen volcánico, consecuencia de una antigua erupción del volcán Quinsachata.
La imagen del conjunto, debido a la abundancia de rocas de origen volcánico de color negruzco que dominan totalmente el paisaje, es de cierta destrucción y caos pero, esta impresión, es engañosa, pues el sitio arqueológico está relativamente bien conservado y, en los últimos años, está siendo objeto de trabajos de restauración.



Actualmente, Racchi es una de las comunidades con mayor importancia en la producción de cerámica, y se dedica principalmente al cultivo de papas, trigo, habas y maíz. En ganadería sobresale la cría de ovinos, vacunos y auquénidos en las zonas altas.

Hipótesis sobre el sitio arqueológico
La mayoría de arqueólogos coinciden en afirmar que la singular construcción que domina el paisaje en Racchi, era el templo a Huiracocha mencionado en las crónicas. No obstante, Manuel Ballesteros, teniendo como base la lectura de algunos pasajes de Pedro Cieza de León, y los resultados de las excavaciones realizadas por la Misión Española, considera que el adoratorio a Huiracocha era en realidad una pequeña edificación, hoy desaparecida, que probablemente estuvo ubicada junto a los Baños del Inca. En su opinión, el gran galpón debió ser un enorme taller para la fabricación de tejidos; los recintos, las viviendas de los tejedores y las colcas habrían servido como depósitos para guardar las lanas y posiblemente la cerámica. Por regla general y oponiéndose a esta última hipótesis, la arquitectura de calidad entre los incas estaba asociada a fines religiosos (como en el caso del Coricancha o del Acllahuasi en el Cusco) o a las viviendas de los gobernantes. En la actualidad, la mayoría de arqueólogos sostienen que el complejo arquitectónico de Racchi tuvo una doble misión, ceremonial, por un lado, y militar o artesanal, por el otro.

El templo a Huiracocha
Según relatos de algunos cronistas, en este lugar el dios Huiracocha fue atacado por los indios canas. Como castigo, la divinidad hizo llover fuego, “quedando con el incendio -como anota Pedro Cieza de León- consumidas y gastadas las piedras”. Hay discrepancias, sin embargo, sobre el inca encargado de mandar a edificar esta monumental obra. Cieza señala que fue Pachacútec quien mandó construir los "grandes aposentos" que hay en Cacha, mientras que Garcilaso atribuye esta labor al Inca Huiracocha, a quien el dios del mismo nombre se le habría aparecido en cierta oportunidad.

El mayor templo inca
El templo es una construcción única dentro de la arquitectura incaica. Se trata de un gran galpón de planta rectangular de 92 metros de largo por 25 de ancho, con un enorme muro central de casi doce metros de alto. La base del muro, hasta los tres metros de altitud, es de piedra finamente labrada, luego es de adobe. El templo tenía puertas de comunicación con vanos de descarga sobre ellas y sostenía un techo de dos aguas, que también se apoyaba en las once columnas cilíndricas que hay a cada lado, así como en las paredes laterales de la edificación. Sólo una del total de veintidós columnas se conserva en la actualidad. De los muros laterales han quedado los cimientos, visibles ahora luego de los trabajos de excavación de la Misión Española a fines de los años setenta.

Arquitectura audaz
Una pregunta frecuente de los visitantes al templo es cómo fue posible que muros de adobe, con una altura equivalente a una construcción moderna de cuatro pisos, hayan podido resistir más de cinco siglos en una zona altamente sísmica. Los estudios de la Misión Española, dirigida por Manuel Ballesteros Gaibrois, dan luz sobre este asunto. Se ha podido establecer que se utilizó una peculiar técnica de construcción en base a "adobones" de un metro cincuenta de largo y cuarenta centímetros de ancho. Normalmente, eran fabricados encofradamente pero, en este caso, tienen forma de rollos. Los adobones, además, están dispuestos en filas cruzadas, una que sigue el sentido del muro y la otra en forma perpendicular a éste.

La estatua
"Yo, pasando por aquella provincia, fui a ver este ídolo (...), que tenía las manos puestas en los cuadriles, enroscados los brazos, y por la cintura señales que deberían significar como que la ropa que tenía se prendía con botones."
Cieza de León, cronista español, 1549.

Varios siglos después de la visita de Cieza a Racchi, al tiempo que se realizaban excavaciones en el Cusco, se halló una cabeza de piedra y la representación de un cuerpo del mismo material. Manuel Ballesteros y otros especialistas sostienen, con bastante fundamento, que éstos serían los restos de la estatua de Huiracocha, trasladada en algún momento al Cusco y destruida y enterrada como parte de la política de extirpación de idolatrías. La cabeza actualmente se conserva en el Museo de América de Madrid y el cuerpo en el Museo Inca de Cusco.

Los recintos
Otro sector que llama la atención por la calidad de su arquitectura, es el de los recintos o cuarteles. Comprende un total de veintidós casas que destacan por la factura de sus muros, con sus abundantes hornacinas trapezoidales, y por su disposición. Doce de estas viviendas están alineadas por pares a lo largo de casi 250 metros. Este conjunto de edificaciones se despliega en torno a una serie de patios de forma casi cuadrada. Uno de los lados de estos patios, el que mira a la explanada conocida como pucllanapampa ( en quechua "pampa de los juegos") está libre, en tanto que en los otros tres se acomodan seis recintos, dos por cada lado.

Las colcas
Se hallan junto a los recintos y están separadas de éstos por pequeñas chacras de forma rectangular. Impresionan por su número, entre 120 y 200 según distintos investigadores, así como por su disposición en doble hilera que sigue aproximadamente el mismo eje del templo. Son construcciones de forma circular. Algunas de estas colcas han sido reconstruidas por las distintas expediciones arqueológicas que han trabajado en el sitio, lo cual da una idea de su apariencia original. El conjunto, pese a ser el peor conservado, es de por sí impresionante.

El Baño del Inca y el usno
Más cerca a las faldas de las colinas rocosas, separados de los sectores ya descritos por una laguna artificial, se encuentran el Baño del Inca y el usno. El primero consta de dos pozas, una más larga que recibe agua proveniente de un canal subterráneo por dos bocas, y otra más corta que se alimenta de una boca. A pocos pasos, se levanta lo que parece un usnu o lugar de libaciones. Esta denominación incluye a la piedra con un orificio y al espacio arquitectónico que lo alberga.

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Conjunto arquelógico de Racchi

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