La casa-hacienda del marqués Valleumbroso
El acceso a la casa-hacienda no es fácil, pues todavía no cuenta con un camino directo. En la carretera existe un letrero que indica el desvío. El camino es afirmado y existe una parte por la que se puede subir en automóvil, pero le aconsejamos preguntar a los pobladores.
Este paseo es toda una lección de historia. Aquí se puede apreciar cómo vivía uno de los hacendados más poderosos del Cusco colonial y del virreinato del Perú.
La casa está siendo restaurada por el Instituto Nacional de Cultura del Cusco, que ha recuperado y tratado murales, maderas y abundante cantería. La riqueza del trabajo en piedra y su abundancia en la construcción, pone en evidencia la cantidad de canteros que estuvieron a disposición del marqués.
Según Pablo Macera, la casa-hacienda en su tiempo fue un verdadero "palacio rural". Su dueño, el marqués de Valleumbroso, llegó a poseer una cultura excepcional para la época y solía organizar tertulias en las que se hablaba francés y quechua. Se dice que el marqués habría sido corresponsal de Voltaire. Fue acusado por sus trabajadores de explotar a los indios y querer coronarse rey.
La arquitectura
La casa se levanta sobre un pequeño cerro, desde donde se tiene una de las mejores vistas del valle. Toda su estructura parece haber sido concebida en función de esta vista, de supervisar y contemplar los campos.
La edificación está hecha enteramente en piedra. Llaman la atención sus grandes portadas, sus arquerías, el largo balcón que se prolonga sobre la fachada, así como la escalera redonda que conduce al parque central. Según Macera, este parque estuvo poblado por piletas y esculturas francesas e italianas. La casa tenía una bella capilla, que desgraciadamente se encuentra en ruinas. Todavía se puede ver la portada de piedra y restos que sugieren una decoración neoclásica. Los restauradores han recuperado o reconstruido la pintura mural de algunos salones.
En el siglo XIX, la casa pasó a manos de los Garmendia.
Tipón
Desde la casa-hacienda Valleumbroso hasta las ruinas Tipón son aproximadamente diez minutos en automóvil. La pista es muy buena, por lo que se puede llegar sin mayores problemas. Para alcanzar las ruinas es necesario subir una cuesta empinada; un letrero a un lado del camino anuncia la llegada. Una vez allí, en el puesto de vigilancia del Instituto Nacional de Cultura, puede adquirir la entrada o mostrar el boleto turístico.
El complejo de Tipón comienza aquí, pero se proyecta sobre el cerro. Para verlo en toda su extensión es necesario andar por los que fueron antiguos caminos incas. El trayecto hasta la cima de la montaña y hasta los más espectaculares canales de agua toma aproximadamente 20 minutos. También se puede subir a las ruinas a pie desde la carretera por un camino inca. Una visita rápida toma aproximadamente una hora.