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Pucamarca
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Se llama así a la gran manzana que encierran las calles Maruri, Pampa del Castillo, Plazoleta de Santo Domingo y Romeritos. Por sus dimensiones, Garcilaso la llamó “barrio grandísimo”; en tiempos incas, pudo estar formada por tres manzanas alargadas con un eje mayor paralelo a la Plazoleta. Pucamarca era parte de la infraestructura religiosa de la ciudad. La primera manzana, frente al Coricancha, contenía a Cusicancha, en la esquina de Santo Domingo y Romeritos.
Se dice que allí nació Inca Yupanqui, Pachacútec. Allí también hacían sacrificios los miembros de la panaca el Inca, el ayllu de la familia de ese Inca. Al oeste de esa casa había un edificio pequeño llamado Illanguarque, donde según el cronista Cobo, se rendía homenaje a las armas de Pachacútec. Al extremo oeste, frente a la Plazuela de Santo Domingo, estaba Morourco, nombre que también puede ser amaru urco, -serpiente macho-, que era la casa donde se guardaba la larga soga, huasca, trenzada en cuatro colores: negra, blanca, bermeja y leonada, con una gran borla de lana gruesa y colorada en su extremo. Según Cristóbal de Molina, unos danzantes la llevaban en taqui, baile y canto, a la plaza central para danzar con ella y dejarla enroscada en el piso como un caracol. Esa danza se llamaba yanayra y era parte de las festividades del Cápac Raymi, que celebraba el solsticio de verano.
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El Acllahuasi
La casa de las acllas, o ñustas escogidas, era un largo solar que parte de la Calle del Triunfo, frente a la Catedral, y llega hasta la calle Maruri. Habría tenido cerca de 220 metros de largo en dirección norte sur y 50 metros de ancho.
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Las entradas
Algunas casas conservaron el dintel trapezoidal incaico, sobre el cual se fueron adosando los escudos nobiliarios del nuevo ocupante, sencillas columnas clásicas y florones de gusto plateresco. La posición del zaguán no es central y simétrica, como en Lima, sino que se sitúa a uno de los lados e incluso en esquina. Esto impide ver el interior de la casa desde la puerta de calle. Sólo después de trasponer el zaguán el visitante descubrirá los típicos patios de corte renacentista, con arquerías de medio punto sostenidas por columnas de piedra en ambos pisos. Esta disposición resulta similar a la observada en los claustros conventuales, aunque en la arquitectura doméstica suelen alternarse dos o tres arquerías con corredores o galerías altas de madera labrada. Las escaleras, con graderías de piedra, solían ser de caja y se situaban en un ángulo del patio y a veces ostentaban ornamentación en relieve o figuras escultóricas, como el león de la casa del Almirante.
Los muros exteriores
La exquisita cantería de la calle Loreto o Callejón del Sol da cuenta de la importancia del edificio. Intikijllu, por ejemplo, era el muro oeste de ese edificio y es una notable obra edilicia. Si se lo observa con detenimiento se encontrará que ningún sillar es igual a otro y que, conforme se superponen las hiladas, la altura de las piedras es cada vez menor. El frente que daba a la plaza se ha perdido y sólo restan fragmentos de muros en los locales comerciales de ese frente. El lado este del viejo edificio queda en la calle Santa Catalina Angosta y en su prolongación la calle Arequipa. Buena parte del frente está ocupado por la iglesia y el monasterio de Santa Catalina. Algunos locales comerciales completan ese frente y exhiben restos del muro perimétrico cortado por puertas modernas.
Seguramente, el acllahuasi siguió los patrones de construcción incaicos y la distribución interior del local debió contener varias canchas dispuestas en sucesión.
Los edificios públicos
Ocurre que el Cusco fue una ciudad planeada y construida según la traza que ideó Pachacútec para reemplazar a la aldea alrededor de la ciénaga y herbazal que allí había. La historia dice que tras canalizar el Saphi, desecar el pantano y construir la ciudad, el Inca repartió los solares con la edificación ya hecha a las panacas. Pero también localizó los componentes de la infraestructura pública. Las cuatro grandes callancas en los bordes de la plaza pudieron ser parte de esa infraestructura. Por su dimensión y forma no fueron aptas para usos residenciales.
Casas reales
Garcilaso se ocupa de localizar otras residencias “reales” en la vecindad de Rímac Pampa. Allí habrían estado, teniendo como eje la calle San Agustín, las casas de Sinchi Roca, seguida por la de Lloque Yupanqui y al frente, lado oeste de la calle, la de Mayta Cápac. Más adelante, ya detrás de la catedral, la de Yahuar Huaca. La información no es muy precisa, pero indica que las panacas (familias reales) mantenían su privilegios hasta 1533, año de la toma del Cusco, y que conservaban su lugar en el sector noble de la ciudad que llegaba hasta las calles Tulumayo y Pumacurco. Al oriente de esa línea, el espacio estaba destinado a los dignatarios menores.
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Conoce el centro incaico |
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