Casas y Casonas
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La casa de los cuatro bustos
Calle San Agustín 400
Sede del Hotel Libertador Cusco
Telf. 23-1961

Residencia de conquistadores, esta casa de inspiración plateresca, constituye un testimonio excepcional del orgullo dinástico ostentado por las familias principales cusqueñas que descendían de los primeros pobladores españoles. Así lo acredita no sólo el estilo arcaizante de su portada sino la insólita incorporación de cuatro relieves de piedra, con otros tantos retratos familiares, que dieron a la casa el nombre popular con el que ha llegado hasta nosotros.
Los dueños
Durante mucho tiempo, la identidad de estos personajes permaneció olvidada. Una minuciosa investigación documental, emprendida por el historiador Luis Enrique Tord, dio a conocer por fin sus nombres. Eran el conquistador Juan de Salas y su mujer Usenda de Bazán, junto con su hijo primogénito Fernando de Salas Valdés Bazán y la esposa de éste, Leonor de Tordoya y Palomino. Todos ellos visten según la moda imperante en tiempos de Felipe II. Su presencia en lugar destacado recordaba al transeúnte la antigüedad y la preeminencia social de los ocupantes de esta residencia.

Uno de los privilegios que gozó esta casa fue el hecho de contar con agua corriente. En 1567, Juan de Salas Valdés pidió permiso al cabildo para llevar parte del río y colocar cañerías.

La portada
Por lo demás, la portada contiene elementos decorativos -columnas estriadas y florones- similares a los que hemos visto en la Casa del Almirante. Tampoco falta el escudo nobiliario sobre el dintel y la ventana ajimezada, en este caso situada al frente y formando eje con la entrada principal.

El patio
La disposición del patio, con arquerías de piedra en los cuatro ángulos, y fuente de agua al centro, confirma la importancia social del edificio. Toda su estructura ha sido restaurada recientemente e incorporada al hotel Libertador junto con el predio aledaño.

El palacio arzobispal
Esquina de las calles Hatunrumíyoc y Herrajes
Telf. 22-2781
Lu.- sá. de 8:00 a 11:30 y de 15:00 a 17:30; do. de 14:00 a 17:30

En la calle de Hatunrumíyoc, célebre por tener entre sus muros la piedra de los doce ángulos, se levanta el Palacio Arzobispal que, a su vez, alberga el museo de arte religioso más importante de la ciudad. En sus orígenes sirvió como palacio de Inca Roca y, tras la conquista, fue habitado sucesivamente por los marqueses de San Juan de Buenavista y por los Valverde Contreras y Jarava, marqueses de Rocafuerte.

Fachadas y muros
El muro perimetral, formado por grandes bloques de piedra, es un testimonio impresionante sobre el pasado incaico de este edificio. Sobre él se alza una sencilla pared de adobe y se impone la portada de piedra con los escudos labrados de sus antiguos propietarios. Las columnas torsas, a ambos lados de la puerta principal, sugieren que se trata de una obra tardía, quizá del siglo XVIII. Otro detalle singular de la fachada es el balcón esquinero, ricamente tallado, que rodea la ventana de ajimez con columnilla en la esquina y celosías de reminiscencias mudéjares.

Decoración interior
Su interior está articulado por un gran patio renacentista con arquerías de piedra y azulejos sobre las paredes. Alrededor se encuentran las salas del museo que, desde 1966, albergan la colección de arte religioso formada por José Orihuela Yábar. Todo el edificio fue íntegramente restaurado después del terremoto de 1950.

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