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Una ciudad poblada de iglesias y conventos
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" Las iglesias del Cusco se levantan recias, airadas, casi marciales, ostentando con estupendo orgullo el dominio de España y la fe católica, pero ya, desde las bases de sus torres, la armonía y el acento de su canto, principia a ser otro que el de España misma. Allí estaban incorporados en su cuerpo toda la materia pétrea del incanato, el espíritu y la vida de miles de indios que las construyeron y la luz de un sol más límpido y cercano, que les dio otro brillo." Héctor Velarde, Arquitectura peruana y otros ensayos, 1966.
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Tras la conquista, el Cusco mantuvo su prestigio de ciudad sagrada que, al decir de Garcilaso, había sido como “otra Roma”. Donde hubo templos a las divinidades incaicas o palacios de los antiguos gobernantes fueron levantándose iglesias, conventos y monasterios igualmente monumentales. Muros y cimientos prehispánicos sirvieron de base para las nuevas edificaciones religiosas, simbolizando así la superposición de creencias y culturas que define la peculiar configuración de esta urbe.
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Inicios de la arquitectura colonial
Durante el siglo XVI se edificaron iglesias de corte renacentista, con portadas clásicas y techumbres mudéjares, que fueron prácticamente devastadas por el trágico terremoto de 1650. De aquel período sólo quedan algunos vestigios aislados, como sectores de la parroquia de Santiago o del templo de Santa Clara.
El surgimiento de la escuela arquitectónica cusqueña quedará evidenciado a partir de las obras de reconstrucción y alcanzará su apogeo en el transcurso de la “era Mollinedo” (1673 -1699), que habría de significar un formidable impulso al estilo barroco no sólo en la propia ciudad del Cusco sino en su vasta área de influencia.
Iglesias de piedra
A diferencia del carácter grácil y escenográfico que presentan los edificios limeños, en el Cusco el uso de la piedra otorga a sus iglesias un aspecto macizo y recio. Así lo sugieren los grandes contrafuertes de sus muros laterales o los sólidos cubos de sus torres que dominan el panorama urbano.
Aunque el material preponderante es la piedra, ésta alterna a veces con el adobe y el ladrillo. Se extraía de canteras situadas en pueblos cercanos, como Maras, Chita y Oropesa. También se obtuvo in situ, aprovechando los paños de muro incaicos o llevando los bloques desde alguna edificación preexistente. Es el caso de Sacsayhuamán, depredada durante siglos para proveer materiales de construcción a iglesias y casonas de la ciudad.
El arte de los canteros indígenas
Hábiles continuadores de tradiciones seculares, los canteros indígenas tuvieron un papel decisivo en la arquitectura religiosa, llegando a familiarizarse rápidamente con las técnicas constructivas y los repertorios ornamentales traídos de España. De acuerdo con la documentación existente, numerosos artífices lugareños participaron en el trabajo de cantería para las iglesias y los conventos de la ciudad. En el célebre claustro de la Merced, por ejemplo, se registra la intervención de Gregorio Quispe, natural de la parroquia de Santiago, así como de Pedro Alvarez y Andrés Quispe, oriundos de San Sebastián, quienes iniciaron los trabajos hacia 1663/64.
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