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Riqueza de altares y capillas
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El altar mayor, todo de plata, es una de las obras más tardías del conjunto. Tiene forma de baldaquino y expresa la introducción del estilo neoclásico en la ciudad. Fue construido en el período 1792-1803 por el arquitecto Villegas y el platero Pinelo, bajo el patrocinio del obispo Bartolomé María de Las Heras.
Pese a la sobriedad de sus columnas, muchos de sus elementos decorativos parecen aferrarse todavía a las tradiciones barrocas de tanto arraigo en la ciudad.
Todas las capillas laterales están cerradas por impresionantes rejas doradas y coronaciones con tallas alusivas a la advocación titular. En el lado de la Epístola (derecho), merecen mencionarse los altares del venerado Señor de los Temblores, con su riqueza de ofrendas de plata y oro, así como el de la Virgen de los Remedios, devoción valenciana introducida por el español Alonso de Monroy y Cortés. También de este lado
se encuentra la llamada “capilla de la Platería”, donde se aprecia una muestra impresionante del tesoro Catedralicio. Su joya más preciada es el enorme templete de plata que sirve como anda procesional para el Corpus Christi, obsequiado en 1731 por el obispo fray Bernardo de Serrada.
Del lado opuesto o del evangelio (izquierda), destacan las capillas de la Virgen Inmaculada, denominada La Linda, patrona oficial de la ciudad desde el siglo XVI, y la del apóstol Santiago. En el testero, el altar de la Santísima Trinidad alberga la famosa pintura de La Virgen del halcón, obra del círculo de Bernardo Bitti.
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Series pictóricas
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En la época del obispo Mollinedo, la iglesia recibió sus mayores aportes decorativos, tanto en retablos como en pinturas ejecutadas por grandes maestros indígenas. El favorito del obispo fue Basilio Santa Cruz, autor de los grandes lienzos que decoran ambos brazos del crucero ejecutados entre 1691 y 1693. Son ambiciosas composiciones barrocas que desarrollan alegorías teológicas o las devociones promovidas por la Contrarreforma. Entre las mas notables figuran La imposición de la casulla a San Ildefonso y El milagro de San Isidro Labrador.
Del rival de Santa Cruz, Diego Quispe Tito, es la no menos célebre serie del Zodíaco, terminada en 1681, que se guarda hoy en la capilla de la Platería. Es una obra de madurez que muestra la enorme destreza técnica del maestro y su adaptación a los modelos compositivos y el colorido de procedencia flamenca.
Algunos de los pilares centrales exhiben pinturas de otro artista indígena, Antonio Sinchi Roca, un descendiente de la nobleza incaica oriundo de Maras. Sus cuadros representan a los evangelistas, profetas y reyes de Israel.
La mayor empresa pictórica del siglo XVIII son los cincuenta lienzos sobre las Letanías Lauretanas que ejecutó en 1755 el maestro Marcos Zapata. Estos lienzos decoran toda la parte alta de la Catedral, cubriendo los netos de los arcos tanto de las naves laterales como de la sacristía. Sus convenciones formales y la predilección por los colores rojo y azul son característicos del estilo de Zapata, que ejerció gran influencia en la región.
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El coro
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De acuerdo con la disposición de las principales Catedrales de España, la sillería del coro está situada en la nave principal, mirando hacia el altar mayor. Su riquísima talla barroca, atribuida al maestro Giménez de Villarreal, data de fines del siglo XVII y es una de las obras cumbres de la ensambladura cusqueña. En el trascoro hay algunas capillas, como la dedicada a Nuestra Señora de la Antigua, y los lados exteriores están decorados con grandes pinturas de Basilio Santa Cruz sobre la Virgen de Belén y la Virgen de la Almudena, con el obispo Mollinedo y los reyes de España como donantes.
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Sacristía
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Uno de los recintos más lujosamente decorados de todo el edificio es la sacristía que, desde su entrada, luce un conjunto de pinturas alegóricas sobre la iglesia realizado por Marcos Zapata a mediados del siglo XVIII. En su interior, los muebles, tallas y pinturas crean una atmósfera barroca de gran efecto. Uno de los muros está cubierto por un gran retablo que enmarca una célebre pintura del Cristo de la Agonía, conocida tradicionalmente como el Cristo de Van Dyck, por basarse en un modelo de este maestro flamenco. También se guarda aquí una completa galería de retratos de los obispos que han gobernado la diócesis, desde fray Vicente de Valverde.
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