La Iglesia de Estremaduros

El Cusco fue una de las regiones del Virreinato con mayor población indígena. Se vio afectada por las epidemias que trajeron los conquistadores y por la disposición que obligaba a los indios del Cusco a trabajar en condiciones inhumanas en la mina de Potosí, pero siguió siendo muy grande. De ahí la cantidad de “parroquias de indios” en la ciudad. Fueron creadas por la Corona con el fin de reorganizar a los grupos nativos bajo un nuevo esquema que les permitiera evangelizarlos, “civilizarlos”, y cobrar el tributo de una manera más eficiente. Como resultado de esta política han sobrevivido hasta nuestros días estas impresionantes iglesias, testimonio de la riqueza de la ciudad y el talento sorprendente de sus artífices.


Por los predios del Obispo Mollinedo
El recorrido por las parroquias de indios es, en cierta medida, un paseo por las obras del obispo Mollinedo. Es como si llevaran la firma el obispo, pues en la mayoría de estas iglesias aparece su retrato o sus escudos familiares tallados en los altares.

Uno de los personajes más decisivos en la consolidación del Cusco como centro artístico americano fue su obispo, Manuel de Mollinedo y Angulo. Llegó de España en 1673 cuando la ciudad se hallaba en reconstrucción tras el terremoto de 1650 que la había dejado prácticamente en ruinas. El obispo se había desempeñado como párroco en Madrid y guardaba una especial devoción por la Virgen de Almudena, advocación titular de esa ciudad, cuyo culto trasladó al Cusco.

Un verdadero mecenas para el Cusco
Mollinedo trajo consigo una importante colección de arte que sirvió para inspirar a la generación de artistas que se formó bajo su auspicio. Fue un auténtico mecenas para el Cusco; esa riqueza artística, que sorprende a cuanto viajero pisa estas tierras, se debe en buena medida a su acción. En total, se le atribuye la construcción de cincuenta iglesias en veinte años, 36 de adobe y 14 de ladrillo, además de 14 púlpitos, 20 frontales de plata, 21 lámparas y numerosos objetos para el culto, entre los que se cuenta la custodia de la catedral. Buena parte de estas obras fueron financiadas por él, ya que era un hombre muy rico. Otras fueron costeadas bajo su impulso por los feligreses. Según los entendidos, entre sus grandes creaciones se cuentan la capilla de San Antonio Abad, San Blas, Belén y la iglesia de Mamara, en Apurímac. Mollinedo puso un notable empeño en las iglesias de pueblos menores.

Tuiru Túpac, su artífice
La mayoría de los artistas que trabajaron para él fueron indios o mestizos. Sobresalió entre ellos el maestro Juan Tomás Tuiru Túpac, noble indígena que habitaba en San Sebastián. Se le atribuye la talla del fantástico púlpito que distingue a la iglesia de San Pedro. Su fama trascendió y mereció el reconocimiento del rey de España, y por ello se le encargó también la edificación de la iglesia de La Almudena.

Con el obispo Mollinedo llegó su sobrino Andrés, que se desempeñó como párroco en el hospital de indios, y jugó una pieza clave en las tareas artísticas del obispo.


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La Iglesia de
Estremaduros

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