Los Orígenes
Una sensación sobrecogedora invade siempre al visitante cuando llega al Cusco. Ello se debe no sólo a su paisaje maravilloso, que conjuga un cielo increíblemente azul con nubes blanquísimas y cerros imponentes, sino sobre todo a su historia. A través de sus intrincadas callejuelas o en su imponente Plaza de Armas es imposible no escuchar todo lo que esta ciudad nos quiere decir. Pocos lugares en el Perú han tenido una vida más intensa. Esta fue la capital sagrada de los Incas y el Dorado de los conquistadores, centro del barroco sudamericano y escenario de la Gran Rebelión. No en vano es el tesoro más preciado del Perú.
El Período preincaico
Prácticamente todos los asentamientos incas y preincas del Cusco están situados entre los 3,000 y 3,200 m.s.n.m. A diferencia de la mayoría de los sitios arqueológicos que pertenecieron al Formativo (1500 a.C.- 0), el valle del Cusco no registra influencias de la cultura norteña Chavín. Entre los sitios más antiguos del Cusco se encuentra Marcavalle (1000 a.C. a 700 a.C.). A Marcavalle sucedió Chanapata, cultura que se remonta al 700 a.C. La cultura Chanapata se extendió por todo el valle del Cusco y sus pobladores alcanzaron un mayor grado de civilización, pues desarrollaron la agricultura y crianza de animales domésticos.
Los Huari
Hacia el año 750 d.C. aparecieron en el valle los huari, y con ellos llegó la alta cultura. En el complejo diseño de sus centros urbanos se advierte la existencia de una sociedad con jerarquías, una religión establecida, planificación, redes de intercambio y el control de una gran población que puede ser movilizada para ejecutar obras de envergadura. Los huari poseen la fama de ser los grandes urbanistas del antiguo Perú. Uno de los mejores ejemplos de la influencia huari en el valle del Cusco es Piquillacta, que en quechua significa “ciudad pulguienta”. Como sostienen muchos arqueólogos, la importancia de Piquillacta, además de la perfección del trazo y del sistema de organización que presupone, radica sobre todo en que fue tomada como patrón urbano por los incas.
El Tahuantinsuyo
Pocos lugares en el Perú tienen un aura mágica semejante a la del Cusco incaico. Aun hoy, al recorrer sus calles y divisar esas piedras misteriosamente unidas, sentimos la necesidad de guardar una actitud reverente. Es imposible no percibir el carácter sagrado que tuvo esta ciudad en tiempos de los incas.
Los Incas
Según las leyendas y las crónicas, los incas fueron trece: Manco Cápac, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui, Mayta Cápac, Cápac Yupanqui, Inca Roca, Yáhuar Huaca, Huiracocha, Pachacútec, Túpac Yupanqui, Huayna Cápac, Huáscar y Atahualpa. Aparecieron dominando el valle hacia el año 1200 d.C. y constituyeron el Tahuantinsuyo en menos de un siglo. Los españoles describieron a los incas como “hijos del Sol”. Para los habitantes del Tahuantinsuyo se trataba de seres divinos que tenían la capacidad de sacralizar todo aquello que los rodeaba.
La creación del Tahuantinsuyo
Cuesta imaginar que los incas hayan logrado organizar el Tahuantinsuyo en menos de un siglo. Según cuentan las crónicas, el gran organizador del estado imperial incaico fue el inca Pachacútec, quien decidió expandir sus territorios venciendo a los chancas. Algunos dudan de que aquel pueblo haya existido y sostienen que el nombre chanca podría simbolizar más bien a grupos étnicos fronterizos. Lo cierto es que las conquistas comenzaron a partir del año 1430 d.C. y el Tahuantinsuyo se extendió por el norte hasta Pasto en Colombia y por el sur hasta el río Maule en Chile y Tucumán, en el norte de la actual Argentina.
La Conquista
El 15 de noviembre de 1532, ciento veinte españoles, armados con caballos y cañones, lograron poner fin al Tahuantinsuyo. Ese día el inca Atahualpa cayó en una emboscada en la plaza de Cajamarca y fue apresado por los españoles. El semidios fue vejado ante la multitud, al tiempo que la sagrada mascapaicha rodaba por los suelos. Cuando murió, entre el 8 de junio y el 29 de julio de 1533, la cohesión política del Tahuantinsuyo ya se había destruido.

Tal “hazaña” se explica en buena parte, porque los españoles contaron con la colaboración del bando huascarista y de algunos señores regionales, descontentos con la dominación incaica.
La fundación española
Las ciudades españolas fundadas en el antiguo Tahuantinsuyo cumplían varias funciones. Además de asegurar el territorio recién conquistado, eran bastiones militares -allí se reunían los vecinos armados en casos de emergencia- y constituían también centros religiosos y culturales. Adicionalmente, las ciudades coloniales recompensaban las hazañas de los conquistadores que, en atención a su desempeño, eran retribuidos con solares y encomiendas.

El 23 de marzo de 1534 se llevó a cabo la fundación en la plaza Aucaypata. El antiguo centro ceremonial fue bautizado como “la muy noble y muy leal ciudad del Cusco”.
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