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Divinidades andinas
Los dioses andinos en el mundo Inca estaban vinculados a todas las actividades sociales, políticas, económicas y militares. Por medio del ritual, la gente expresaba su agradecimiento por los dones recibidos. Además rogaban para que los ejércitos fueran victoriosos, los dioses protegieran los sembríos y el ganado y para que todos tuvieran salud.
El culto solar
Las crónicas señalan que, después del dios Huiracocha, el Sol era la deidad más importante, pues era el padre de los Incas. La Luna era su mujer y las estrellas hijas de ambos. Se lo llamaba también Apu Inti, "El Señor Sol", y se creía que Huiracocha había concedido al Sol y a la Tierra el don de fructificar los alimentos.
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Pachacámac
En los llanos costeros, los incas introdujeron también el culto al Sol y construyeron un gran templo como parte integrante del complejo arquitectónico dedicado a la antigua divinidad de Pachacámac en Lurín, cerca de Lima. Pachacámac fue originalmente una deidad costeña, que se integró al panteón inca tras la conquista de la costa central. A este gran santuario acudía en peregrinación gente de todo el Tahuantinsuyo.
La Luna
En el Coricancha también se adoraba a la Luna, concebida como una mujer. La divinidad era cuidada por sus propias sacerdotisas. Su culto estaba muy difundido en las provincias del Tahuantinsuyo y se la veneraba en los templos del Sol.
El Trueno
Según las fuentes escritas, el Illapa o Trueno se contaba entre las divinidades principales. Habría tenido la forma de un hombre que llevaba un mazo en la mano izquierda y una honda en la derecha. Su cuerpo estaba compuesto por estrellas. El relámpago se producía cada vez que Illapa disparaba una piedra con su honda. Con el estallido de la piedra se producían los truenos, y luego caía la lluvia.
La tríada relámpago-trueno-rayo era conocida como Chuquilla, Catuilla o Intiillapa y significaba "resplandor de oro". Tenía el poder de producir agua, lluvia, granizo y tempestades. Los antiguos peruanos representaban este resplandor como estatuillas hechas de telas que se conservaban en el templo del Sol. Cuando participaban en los rituales eran colocadas al lado de Huiracocha y del Sol.
Las estrellas
Se creía que las estrellas representaban a todos los animales del universo y, gracias a ellas, las especies podían multiplicarse. El culto a determinadas estrellas se relacionaba directamente con las actividades que desempeñaba la gente. Los pastores, por ejemplo, adoraban a Urcuchillay (Lira); para ellos, esta constelación tenía la forma de llamas multicolores.
El mar o Mamacocha
Era la "madre de los lagos" y su culto estaba más arraigado entre los pobladores de la costa, especialmente entre los pescadores.
La tierra o Pachamama
Fue identificada como la "madre tierra" y era una deidad fundamental por ser el símbolo de la fertilidad. Mayoritariamente se le ofrendaba en las chacras, donde se plantaba una piedra alargada como centro del ritual, costumbre que ha sobrevivido hasta hoy.
Las piedras
Su veneración se acrecienta luego de la victoria inca sobre los chancas, ya que, según la leyenda, en aquella batalla las piedras se convirtieron en soldados y decidieron el triunfo del Inca Pachacútec. Se dice que estas piedras fueron llevadas al Cusco para ser colocadas en el templo del sol.
Eclipses
El eclipse de sol era, para los antiguos peruanos, mal augurio. Con ese motivo, al ocurrir uno se ofrendaban al Sol toda suerte de objetos de oro y plata. Esos eran días de ayuno y tristeza para las acllas, pues creían que los eclipses presagiaban la muerte del Inca. En aquellos días no se debían encender hogueras en el Cusco y al Inca le correspondía retirarse a un lugar reservado y ayunar.
Cuando se producía un eclipse lunar, se creía que el mundo terminaría al entrar en las tinieblas. En ese momento, la Luna era atacada por un puma y una serpiente. Para defenderla debían ayudarla con ladridos de perro y mucha bulla.
Los Mallquis
Los cuerpos de los Incas muertos se denominaban mallquis y eran considerados deidades. Los mallquis -muchas veces llamados sencillamente bultos- vestían con las telas más finas y sus rostros eran cubiertos con algodón. Participaban en las fiestas y procesiones públicas; especialmente, en las que se realizaban en la plaza del Aucaypata. De este modo, eran oráculos y por lo general estaban colocados junto a su padre el Sol en el Coricancha.
Las huacas y lo sagrado
Las huacas eran omnipresentes: se hallaban en templos, plazas, a la vera de los caminos y en todo el paisaje circundante del Cusco. A decir del cronista Polo de Ondegardo y del padre Cobo, en los alrededores del Cusco sumaban más de trescientas Una de las huacas más importantes era Huanacauri, una roca situada en la montaña que lleva el mismo nombre. Según el investigador norteamericano John Rowe, la presencia de numerosos dioses, templos y adoratorios definió al Cusco Inca como capital sagrada.
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