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Abraham Guillén
Fue uno de los principales colaboradores de los arqueólogos y de las investigaciones sociales en la primera mitad del siglo XX. Trabajó junto a Julio C. Tello y Luis E. Valcárcel. Registró minuciosamente, y con singular maestría, los monumentos arqueológicos tal como fueron descubiertos.
También su archivo cuenta con una variedad de temas de época. Otro de sus méritos es que manejaba con acierto la ironía y se preocupó, además, por las escenas populares.
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Los Hermanos Cabrera
Nacieron en el valle de La Convención, en Cusco. En 1899 el primero, Filiberto, y su hermano Crisanto en 1904. Desde muy niños quedaron huérfanos, lo que los obligó a trabajar desde temprano como zapateros y empleados en el ferrocarril. Crisanto se empleó a los 14 años en el taller de fotografía de Martín Chambi, donde aprendió el oficio.
Así, consiguió introducirse en el nuevo grupo de fotógrafos herederos de sus colegas mayores. Ambos desarrollaron su actividad entre los años 30 y 60. Trabajaron en la calle Tulumallo, en una casa llamada Relojchayoq cuyos ambientes eran utilizados para las tomas. Pero eran muy pobres y probablemente no tuvieron las condiciones para tener un buen estudio. Según Adelma Benavente, aquello fue quizá lo que los llevó a tener más tomas de exteriores, hecho que particulariza su obra. Sus trabajos más notables se aprecian en los retratos, caracterizados por el manejo de la luz natural, así como por la selección de temas. Crisanto murió en un hospital para enfermos mentales, donde adquirió celebridad como el viejecito que vivía haciendo posar a los demás internos para fotografíarlos, pero sin tener alguna cámara entre manos.
Crisanto viajó mucho a Abancay, Lima y Arequipa, y fotografió esos lugares. Era muy aficionado a los deportes. Ambos son considerados por Ranney como “los fotógrafos de los pobres”.
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Horacio Ochoa
Se dedicó al oficio de sastre hasta que, luego de unos años, fue animado a ingresar al taller de José Gabriel González por el hijo de este célebre fotógrafo. Su trabajo consta de placas de vidrio de variados formatos y temas, y abarca 40 años de la historia social del Cusco.
Es célebre su fotografía que retrata a unos actores circenses. La dama en especial parece fluctuar en el vacío.
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David Salas
Nació en Cusco en 1917 y perteneció a una familia de clase media acomodada. Aprendió el oficio de tipógrafo, pero al entrar en contacto con un fotógrafo llamado Daniel Cisneros definió su vocación. Como el Perú vivía hundido en la depresión causada por la Segunda Guerra Mundial, y por ende la fotografía tuvo un descenso de interés, Salas se fue a la selva a buscar un mejor destino. Ahí trabajó también como fotógrafo. Pero al caer enfermo fue a dar a Lima, donde se adiestró en las nuevas técnicas, en particular en el arte de retocar. En Salas se distingue una etapa paisajista, pero el énfasis está en una dedicación casi exclusiva a los retratos. Cuando volvió al Cusco se convirtió en el fotógrafo predilecto de la sociedad cusqueña.
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Eulogio Nishiyama
Este extraordinario artista merece una mención especial. Hijo de inmigrante japonés y madre cusqueña, desde niño quedó cautivado por el poder evocador de las imágenes, en especial las del cine. Su labor fotográfica es de tipo comercial, pero su auténtico talento se volcó en toda su magnitud en la foto reportaje. Trabajó para muchas revistas extranjeras, algunas tan célebres como Time, Life, Colliers y Paris Match.
En 1958, junto con Manuel y Víctor Chambi -hijos de Martín-, Luis Figueroa Yábar -hijo de Manuel Figueroa Aznar-, y César Villanueva, fundó el Cine Club Cusco, considerado por el crítico francés George Sadoul como una auténtica Escuela de Cine del Cusco, gracias a la realización cinematográfica Kukuli, la primera película de ficción hablada en quechua. Amante del espléndido pasaje e historia de su ciudad, además de su realización cinematográfica, Eulogio Nishiyama plasmó con su lente diversos paisajes, monumentos prehispánicos y coloniales, además de escenas contemporáneas. Murió en 1997.
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