La fotografía es un arte que tiene la virtud de, al mismo tiempo, ser una metáfora estética de la realidad y ser testimonio de esa realidad de manera concreta.

Podría escribirse la historia íntima y social de las naciones a través de las imágenes atrapadas en negativos y placas de vidrio, en juegos de luces y sombras, en cubetas de revelado. En ese sentido, Cusco tiene el privilegio de ser una ciudad que ha dado origen a una promoción extraordinaria de fotógrafos que transitaron por las calles y el imaginario de la ciudad, desde finales del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX, a quienes el historiador Pablo Macera llamó “La escuela cusqueña de la fotografía”.

Y es que este grupo no sólo compartió un mismo tiempo y un mismo espacio; también compartieron una propuesta: retratar el Cusco y dar cuenta de su complejidad y riqueza cultural. Sus obras están pobladas de paisajes, monumentos, personajes de la alta sociedad, grandes fiestas, pero también de hombres y mujeres simples, marginales, consiguiendo así una visión completa y total del Cusco. Esta generación de artistas constituyó algo único en el Perú y nos ha dejado un testimonio riquísimo de aquello que constituye la nación peruana.
La historia
La fotografía llegó a los Andes desde muy temprano, exactamente con los primeros viajeros quienes, entusiasmados con la idea expedicionaria y romántica de “hacer la América”, se aventuraron a surcar los mares. Algunos de ellos quedaron tan subyugados por sus descubrimientos que terminaron afincándose en estas tierras, introduciendo así en la ciudad un arte por entonces novedoso.

Hacia fines del siglo XIX el oficio se había difundido mucho y el Cusco contaba con varios de estos artistas.

El siglo XX se inauguró en la “ciudad imperial” como una época de bonanza. Con el boom de las lanas llegaron los extranjeros, los comerciantes, los inventos, los automóviles, el ruido y la modernidad. Con el auspicio de estas modas tecnológicas, la ciudad dio a luz a una generación de fotógrafos. Eran, además, tiempos de cambios culturales. Por esos años surgía con mucha fuerza el movimiento indigenista que tornó la mirada hacia el indio y llamó la atención sobre sus problemas. Por lo demás, en las primeras décadas del siglo, el pasado incaico cobró una fuerza renovada con los descubrimientos arqueológicos. Machu Picchu sorprendió al mundo entero y los fotógrafos se dedicaron a registrar este hallazgo y prodigio de la historia. Es evidente que estos hechos colaboraron en el surgimiento de esta promoción de fotógrafos, todos ellos de penetrante mirada, estupendo pulso y estilo particular, promoción que terminó conformándose como una verdadera escuela de talentos.

Miguel Chani
Nacido en Puno, instaló su propio estudio en la calle Triunfo, con el nombre de “Fotografía Inglesa”. Como buen profesional, Chani acondicionó su galería con todas las comodidades necesarias, desde un telón de fondo hasta mesas y sillones especiales. Al igual que muchos fotógrafos de la época, se dedicó sobre todo a los retratos. Ellos revelan una clara influencia europea, con personajes posando severamente delante de elegantes telones con paisajes europeos, como lo demandaban las nuevas modas que se esparcían por el Cusco.

Definitivamente, el período más prolífico de Chani es el de 1919 a 1935. Por aquellos años, también se dedicó a registrar fiestas populares y algunos de los acontecimientos que diseñaban el Cusco de su época. Los temas indígenas y populares, por cierto, no escaparon a su lente y supo captarlos con igual maestría. Según el investigador norteamericano Ranney, Chani fue una figura bisagra, que al mismo tiempo representa la fotografía del siglo XIX y anuncia lo que traería el siglo XX.

José Gabriel Gonzáles
Nació probablemente en 1875, en el Cusco. Desde muy temprano se vio envuelto en el mundo de la fotografía. Primero hizo retratos y luego se dedicó al tema religioso.

González destacó por su peculiar estilo de fotografíar lo religioso. Se podría decir que fue, aunque de forma virtual, el fotógrafo de la Iglesia Cusqueña. Y lo fue hasta su muerte, ocurrida en 1952.

Sus retratos y sus fotos de grupo son notables. Sobre todo, es fascinante su manejo de la pose. Según Alberto Pardo, la foto de los atletas podría considerarse como un anuncio de lo que serían las actuales fotos publicitarias, por el diseño del conjunto. La foto de la niña muestra un estilo y una atmósfera particular que influiría, sin duda, en el rumbo de la obra del gran Martín Chambi.

“González como Chambi hacen del todo modelo, ambientación, utilería, un conjunto armonioso y plástico. No hay la rutilante instantánea de hoy día...”

Alberto Pardo, 1993.

Admirando la Fotografia
 Miguel Chani

 Juan Figueroa
 Aznar

 Abraham Guillén