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Pintura Mural
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Los estilos
El mudéjar
Ya no quedan murales del siglo XVI. Desde luego que pudo y debió haberlos. Por de pronto la pintura del Cusco no comenzó con Bitti, sino en época muy temprana, poco después de la conquista. Los murales aparecerían, según sostienen muchos autores, a mediados del siglo XVI. Si bien éstos parecen haber desaparecido, sí se pueden encontrar decoraciones mudéjares muy tempranas en los techos. Es el caso del techo en Andahuaylillas y de una espectacular viga en la iglesia de Checacupe.
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El manierismo
No sólo se expresó en la pintura mural, sino también en lienzos, esculturas y portadas.
Fue un estilo marcado por la influencia del pintor italiano Bitti. Este nuevo movimiento reivindicó los valores del color y la luz, y rompió las regularidades prescritas por el renacimiento. Apareció así un nuevo mundo visual que registraba plásticamente toda la inestabilidad de la época y, donde al lado de la luz y del color que embellecen e individualizan, asomaron a veces los monstruos fantásticos para patentizar cuán amenazada estaba la realidad.
El barroco
El manierismo nunca llegó a desaparecer pero, a mediados del siglo XVII, surgió este nuevo estilo que se prolongó hasta fines del XVIII y convivió con el rococó y el neomanierismo andino. A veces se identifica el arte colonial con el barroco y esto no fue así, pues el barroco apareció cien años después de la difusión de la pintura mural.
Los murales barrocos que hoy existen son de los siglos XVIII y XIX. Recubrieron buena parte de los barrocos, pero respetaron en cambio el mudéjar y el manierismo con los que tenían más afinidad.
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Murales religiosos
¿Dónde se encuentran los murales? Las iglesias andinas tienen cinco ambientes principales: el bajo coro, la nave, el arco toral, el presbiterio, el techo y el coro alto. Es posible también encontrar pintura mural en el interior del bautisterio y en algunas capillas adyacentes. Los murales más importantes están, por lo general, en el bajo coro y en los ingresos laterales al bautisterio y al coro alto. Casi siempre aparecen aquí escenas de las postrimerías y el infierno. En las naves predominan más bien arreglos decorativos que, algunas veces, se alternan con medallones dedicados a santos individuales o a escenas religiosas. El arco toral, en su lado frontal a la nave, es un lugar privilegiado. En el bautisterio se presenta un problema, pues algunas veces se han sobrepuesto lienzos barrocos sobre la pintura mural. Los techos son un espacio decorativo de gran atractivo visual y eran de difícil factura pues había que levantar costosos y riesgosos andamiajes.
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Chincheros
Chinchero fue un centro administrativo incaico de primera importancia. Los incas mismos no hicieron sino aprovechar lo que les había precedido. Los caciques de Chinchero siempre fueron hombres influyentes bajo el régimen colonial, aún antes de Pumacahua. El templo de Chinchero atestigua con perfección esta importancia. Como en el caso de Huamantanga (Lima), Huaytará ( Huancavelica), Vilcashuamán (Ayacucho), Santo Domingo (Cusco) y Andahuailillas, el templo está compuesto de estructuras incaicas visibles que han sido aprovechadas para la edificación colonial. La silueta de la iglesia católica es una paralela a las hornacinas incaicas de la plaza y, todo el conjunto, surge como un escalonamiento que asciende progresivamente y de un modo total en la amplitud del horizonte.
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San Jerónimo
En competencia con San Sebastián, el pueblo de San Jerónimo se encuentra en los límites de la influencia urbana directa del Cusco. Durante los siglos XVI-XVIII hubo allí una élite que, a través del linaje, mantuvo coincidencia de identificación regional y favoreció las obras públicas suntuarias que aumentaban su prestigio. Sin el orgullo barroco de San Sebastián, que se impone como un hecho solo y autosuficiente, la iglesia de San Jerónimo integra sus formas a la escalera del atrio y al conjunto de la plaza. Los objetivos básicos logrados por su composición son la gracia y el equilibrio.
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