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Pintura Mural

Murales en la ciudad de cusco
En el caso del arte mural cusqueño nos hallamos ante un modelo cultural urbano que se difunde por el país interior donde resulta modificado y cobra su propio dinamismo. Es probable que en algún momento la mayoría de los templos, conventos, colegios y otros sitios religiosos de la ciudad del Cusco hayan tenido murales. Recientemente, han sido descubiertos en locales destinados a la enseñanza ( San Bernardo, San Antonio Abad). Los tuvieron los beaterios y recoletas, las grandes corporaciones religiosas ( La Merced, Santo Domingo, San Francisco, La Compañía). Pero en algún momento, se prefirieron los grandes lienzos. Y así los murales subsistieron en lugares secundarios: salas de recibo ( Santo Domingo), pequeñas capillas ( Santo Roma), celdas ( Salamanca). Sólo por excepción los vemos en la capilla del Triunfo y rodeando los escudos nobiliarios de Santa Clara.

¿Qué fue primero? ¿Los murales religiosos influyeron sobre la decoración doméstica o la relación entre ambos fue más bien una referencia común al mismo contexto cultural? Es un tema por resolver.
Las Casas Hacienda:
Los eslabones entre el campo y la ciudad.
Algunas fueron verdaderos palacios o fortificaciones que combinaban el refinamiento urbano con las exigencias tanto militares como económicas de las haciendas andinas tradicionales. Fuera de las habitaciones del hacendado y su familia contenían graneros, cárceles, capillas, pequeños mercados, subterráneos, etc., y funcionaban como unidades casi autónomas.
Las técnicas
Prácticamente, nada se sabe acerca de cómo fueron pintados estos murales civiles o religiosos entre los siglos XVI-XIX. En su mayoría no fueron frescos, como lo prueba la escasa penetración del colorante en la superficie. Más generalizada, por lo menos en la segunda mitad del XVIII, fue una técnica que consistía en aplicar sobre las paredes el ccontay ( tierra blanca) fijado con el zumo de aguaccollay o gigantón (cactus). Sobre esta superficie blanqueada y seca se pintaba con los llamados “colores a la tierra”, de procedencia local, disueltos en cola, goma y huevo batido con agua. El mismo procedimiento valía cuando se sobreponían aplicaciones a los murales, como se ve en el arco toral de Checacupe. Se elegía entonces tela muy gruesa y, de preferencia, la variedad llamada yanasca.
Cronología de los murales
A propósito del arte cusqueño o, en general, del arte andino posterior a la conquista, ha de recordarse que toda cronología no coincide necesariamente entre nosotros con la caracterización de los estilos. O, en otras palabras, que la seriación americana de esos estilos no es siempre igual a la de los estilos europeos. Los tiempos son a veces distintos. Así cuando la arquitectura barroca cedía en Europa, explosionaba localmente en el sur peruano y no solo revitalizando el manierismo que se reajustaba a una concepción prehispánica del espacio y sus formas. Es muy difícil fechar los murales. La mayoría son anónimos y sin fecha. Un caso excepcional son los murales de Huaro firmados por Tadeo Escalante en 1802.

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