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Fuente de Inspiración
Tierra de pintores durante siglos, el Cusco ha sido también lugar de peregrinación para numerosos artistas que encontraron aquí una fuente constante de motivos pictóricos. Sus atractivos visuales son múltiples: desde la pétrea arquitectura de sus monumentos incaicos y coloniales, hasta la belleza de una campiña que enfrenta infinitos matices de verde con un cielo profundamente azul. Pero es sobre todo la vitalidad cultural del pueblo quechua, heredero de tradiciones indígenas y mestizas, lo que atrae la mirada de los pintores, que han captado incansablemente las labores del campo, el colorido de las vestimentas populares y el brillo ceremonial de las grandes festividades religiosas.
La procesión del Corpus
El Cusco reaparece como comunidad cristiana en la serie del Corpus Christi, notable conjunto de lienzos ejecutado hacia 1680-85 bajo el mecenazgo del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo. Aunque no han sido atribuidos con certeza, el estilo de estos cuadros podría situarse en el círculo del maestro indígena Basilio de Santa Cruz Pomacallao, uno de los pintores favoritos de Mollinedo.

Tradiciones que perviven
Muchos años después, Francisco González Gamarra (1890-1972) habría de retomar el motivo de la procesión del Corpus en un conjunto de pinturas que acreditan sus grandes dotes de acuarelista. La luz y el colorido de la fiesta se conjugan aquí con una inusitada soltura.

Indigenismo y regionalismo
José Sabogal (Cajamarca 1888 - Lima 1956), líder indiscutido del movimiento indigenista, definió su línea pragmática en el Cusco. Después de sus años formativos en Europa y Argentina, Sabogal regresó al Perú por la ruta del sur andino. Una decisiva estancia en la antigua capital incaica le permitió confirmar su vocación nacionalista y preparar su primera exposición en Lima, inaugurada en julio de 1919. Ese mismo año se fundaba la Escuela Nacional de Bellas Artes en Lima, que sería el escenario principal para su prédica artística, seguida por una legión de discípulos. Posteriormente, Sabogal volvió al Cusco, en varias ocasiones, para realizar algunas de sus obras más celebradas. Siguiendo su ejemplo, los miembros de la generación indigenista emprendieron constantes viajes de estudio a esta ciudad.

Nostalgias imperiales
Al igual que otras grandes ciudades históricas del mundo, el Cusco muestra a cada paso las huellas de un pasado tan remoto como fascinante. Por haber sido cabeza del Tahuantinsuyo, comparable con los grandes imperios de la antigüedad europea, sus orígenes mismos revisten un carácter mítico, mientras que su historia se entremezcla, inevitablemente, con la tradición oral y la leyenda.

La esfera criolla
Lo indígena y lo criollo son dos facetas de la nacionalidad que se hallan netamente diferenciadas entre los artistas y pensadores peruanos de principios de siglo. Era una forma de enfatizar la autenticidad cultural, basada en la pureza de las tradiciones, que se veía amenazada por el mestizaje y la creciente modernización de las costumbres. Ello se evidencia con claridad en la obra que José Sabogal emprendió en el Cusco hacia 1918-1919.

Escenas urbanas
Imágenes emblemáticas de antigua capital imperial se deben a importantes pintores peruanos de estilos tan diversos como Jorge Vinatea Reinoso y Manuel Domingo Pantigoso. Sin embargo, ambos coincidieron al elegir la iglesia de Santo Domingo, levantada sobre el Coricancha, como símbolo de la superposición de culturas que caracteriza al Cusco.

El entorno bucólico
En los últimos años, los alrededores del Cusco han cobrado un inusitado auge entre estudiosos y visitantes. Se renueva así el antiguo prestigio de lugares como el Valle Sagrado, último refugio de los incas y verdadero paraíso ecológico. Todo ello se ve reflejado en la obra de los pintores regionalistas, cuya habilidad con las técnicas de la acuarela es ampliamente reconocida.

La imagen indígena
Los temas populares y campesinos adquieren una inflexión propia en las obras de Antonio Huillca Huallpa (Queromarca, Tinta, 1942), integrante de una familia de artesanos y continuador directo de los maestros rurales andinos.

Sus abigarrados cuadros de estilo naïf narran la historia, las faenas del campo o las coloridas fiestas lugareñas con gran espontaneidad y un encantador detallismo ingenuo.

Admirando la Pintura