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Los telares
La confección de una tela supone el previo conocimiento de las técnicas de fijación y ordenamiento de los hilos. Se requiere de un aparato especial llamado telar, donde unos hilos fijos -las urdimbres- son entramados por hilos movibles -las tramas-, de modo que en conjunto llegan a constituir un lienzo. De la presión del fijado de las tramas dependerá la rigidez o soltura de la tela; su finura dependerá del grosor y calidad de los hilos y de la forma como éstos se combinen entre sí. En este nivel del proceso de la confección, la mano de obra debe ser calificada, aun cuando las telas toscas pueden ser procesadas con habilidad menor. Existieron tres tipos de telares prehispánicos: el telar de cintura, el telar horizontal y el telar vertical.
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El Vestido
Para el siglo XV no se puede hablar de “corte y confección”. Los vestidos eran telas que envolvían el cuerpo, estaban anudadas o cosidas y debían tener -al salir del telar- las medidas necesarias para su uso. De modo que los vestidos eran túnicas, mantas o capas -como los vestidos de la antigua Grecia o los de los romanos-, y no sacos o pantalones. Cada pieza era tejida para el fin al que estaba destinada: alfombra, lienzo de pared o manta para vestido. Todo el cuerpo era cubierto con diversas prendas textiles. En la cabeza se usaban cintas -en quechua, chumpi- y turbantes, pero también se hacían gorros -chuku- con técnicas de malla o de tejido manual sin telar. Los guerreros usaban cascos y protectores de materiales duros. El Inca, por ejemplo, ostentaba una cinta -llawtu- de la que pendía una gruesa borla -maskapaycha- que descansaba sobre uno de sus hombros. Esas dos prendas eran exclusivas del Sapan Inca: una suerte de corona real.
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Los Quipus
Los incas concedieron al tejido la facultad de ser la fuente principal de almacenaje y comunicación de su mundo interior. Los quipus (en quechua, khipu) eran cuerdas anudadas, de diversos colores, que contenían información contable y también un cierto conjunto de mensajes.
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Los enitmáticos Tocapos
Como las crónicas españolas no registraron ningún sistema de escritura para el siglo XVI, se ha aceptado la versión de que los incas carecieron de ella. Sin embargo, se sabe de los sistemas de anotación de carácter mnemotécnico, cuya capacidad de almacenar y transferir la información se asemeja a la de las escrituras ideográficas (jeroglifos) de la antigüedad. Un ejemplo de ello es el quipu no numérico. Los tocapos podían haber constituido uno de estos sistemas.
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