El arte y la producción textil
La industria textil fue una de las actividades productivas más importantes en el Tahuantinsuyo. Una tela no sólo era un bien necesario para el consumo doméstico, sino que tenía, como valor agregado, la condición de premio o presente, que tanto el Inca como los súbditos de todos los niveles sabían apreciar según la calidad de sus fibras y el trabajo invertido en su manufactura. Se podría decir que la generosidad de las autoridades se medía obsequiando telas.
Signos de prestigio y poder
El objeto textil contiene un capital acumulado según el tiempo invertido desde la obtención de la materia prima hasta su transformación en objeto útil. Por eso, el tejido se convirtió en la expresión externa de la riqueza y el poder de sus poseedores. A medida que las culturas evolucionaron, los textiles adquirieron también la función de distinguir las jerarquías sociales: las personas comenzaron a diferenciarse por la calidad de sus vestidos y la destreza de sus artífices.

Una expresión de extrema riqueza o poder era el deshacerse de las telas. En determinadas ocasiones se organizaban ritos de quema. Los cronistas españoles cuentan que los Incas se ponían una sola vez cada prenda, que era incinerada después de usarla.
El apogeo de los textiles
El arte de tejer tiene una larga historia en el Perú. Tenemos noticias de que, hace unos 10,000 años, ya estaba en experimentación. La industria textil, según lo han constatado los arqueólogos, alcanzó su más alto nivel de producción durante el gobierno de los Incas, aun cuando el arte del tejido fue objeto de la mayor atención desde los primeros tiempos. El Estado cusqueño, en este campo no hizo sino continuar y fortalecer una antiquísima tradición inaugurada muchos siglos antes.
Un pueblo de incesantes Tejedores
Todos los pobladores del Tahuantinsuyo estaban ligados -de una u otra manera- al trabajo textil. Cuando los españoles llegaron al Perú, en el siglo XVI, una de las costumbres que más llamó su atención, era que todos, especialmente las mujeres, hilaran siempre, ya fuera mientras descansaban o caminaban. En sus manos llevaban un mechón de lana o algodón -prendido de una horqueta- que iban convirtiendo en hilos con los dedos, a medida que daban vueltas a un huso, con su respectivo tortero, donde envolvían el hilo nuevo. Con ese hilo satisfacían sus propias necesidades y las de su familia inmediata, pero también cubrían una parte de sus obligaciones tributarias con la comunidad y el Estado.
Los ovillos
El material, llámese algodón o lana, es obtenido en forma de madejas apretujadas, que es necesario escarmenar, desgrasar y suavizar usando diversas técnicas. Las madejas son luego reducidas a hilos mediante el torcido de las fibras. Previamente, si se desea que el material tenga colores distintos de los naturales, se someten a procesos de teñido. Los hilos se organizan en ovillos, de acuerdo con su color, grosor o textura. En este punto, la materia prima está disponible para transformarse en tela. Hasta aquí, la mano de obra calificada no es indispensable y, generalmente, intervienen todos los miembros de las comunidades, hasta los niños, que ayudan a escarmenar u organizar los ovillos. Los adultos hilan.

Admirando los Textiles incas

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